LA CIUDAD DE LOS DESEOS
Por Beatriz Garcia
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La ciudad concebida y mirada, solamente, desde lo institucional, es una ciudad compartimentada, reglamentada; sus espacios tienen definiciones específicas. Se parte de que el individuo asume comportamientos previstos, y por ello se cree que todo puede manejarse desde la planificación. Se parte de la idea de un individuo genérico que se desarrolla a través de su vida de acuerdo con la trayectoria que socialmente se ha establecido, que pasa por ciertas etapas que ya han sido definidas, y si ello no sucede, no es porque no sea el ideal a seguir, sino porque hay algún obstáculo que lo impide, sea de orden social, económico, político, cultural o físico. Desde ese conocimiento y teniendo presente los modelos institucionales vigentes, se diseña la ciudad, y se espera que los sujetos se adapten a ella. Es así como se definen edificaciones para cada una de las instituciones públicas y privadas y sus áreas de influencia, y también se definen edificaciones para que los individuos y sus familias habiten; esto es áreas para la vivienda. Entre ellas se proyectan espacios para circular entre unas y otras, pero también para la recreación y el descanso.
Quizás en cada uno de esos espacios definidos previamente, los sujetos encuentren lugares para la realización de su deseo. Quizás muchos de esos espacios que se concibieron para actividades específicas institucionales o programadas por instituciones para ser utilizadas en actividades recreativas, culturales o de otro tipo, puedan ser tomados por los habitantes, pero aquí se quiere proponer una ciudad donde sus mismas instituciones den cabida a un sujeto consciente de su deseo, en los términos arriba planteados. Un sujeto que pueda atreverse a llevar adelante sus proyectos, porque hay espacio para ello; espacios que se redefinen con cada acción. Estos espacios a la vez que sirven de receptáculo adquieren nuevas características con la acción misma, al igual que el agua moldea la copa de una manera diferente a como lo hace el vino. Espacios cerrados o abiertos, mirados desde el sujeto, se ofrecen como disponibles para que en ellos puedan suceder otros hechos diferentes a los previstos institucionalmente. La calle, la plaza, el parque, pueden convertirse en escenario de encuentros temporales, al igual que los espacios de uso cultural o recreativo. Las calles, por ejemplo pueden adquirir características estéticas diferentes de acuerdo a lo que en ellas ocurra, de acuerdo a como se les mire.
La mirada de cada uno de los espacios que configuran la ciudad, a partir del sujeto y su deseo, cobran otra dimensión. Ellos aparecen como espacios moldeables, para darles forma; espacios para ser redefinidos por los que en ellos suceda; espacios que invitan a ser utilizados de acuerdo con el proyecto a realizar; espacios cuya función es la de permitir la realización de múltiples deseos. Estos espacios implican otras actitudes, se ven tomados por improvisaciones, por lo que no se esperaba, por lo que rompe la rutina y la cotidianidad. Acciones que tienen diferentes duraciones, intensidades, cualidades y texturas, que confieren, por la duración que las acompañe, por la clase de acción que se realice, un especial carácter a ese lugar, llenándolo de memoria y confiriéndole sentido.
Pero no son sólo los espacios abiertos, como la calle, los parques,
las plazas, las que pueden ser tomados por acciones no previstas, también
los espacios cerrados, especialmente los de casa, que parecería ya
estar definidos de antemano. Estos espacios en los que se espera que sus habitantes
distensionen sus almas y sus cuerpos, pueden verse tomados de repente, por
sentimientos no esperados, por sueños, aburrimientos o cualquier otro
aspecto, que requiere de la intimidad para manifestarse. No pueden dejar de
nombrarse a este respecto, las formas que adquieren, cuando la mirada poética
los toma como tema.
Beatriz García Moreno
Profesora, Facultad de Artes
Universidad Nacional
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