DISPONER (DE) LO PUBLICO

por Fernando Escobar


No te preocupes tanto
el cielo es de todos…

Jean Cocteau (*)


¿Es esa sensación el resultado de una hiperexcitación
de todos los sentidos, de una especie de sexto sentido
…o es un mensaje de lo que tiene uno delante?

John Berger (*) [1]




Espacios negativos dejados por demoliciones de diversas construcciones; instantáneas de intersticios que nos revelan espacios privados; imágenes de una ciudad que ya no es la retratada; conflictos históricos y económicos vueltos a plantear; situaciones especiales de lo natural y de lo industrial en la ciudad; patrones de exhibición de comida callejera; lo social manipulado en los medios masivos; las múltiples posibilidades de uso de sitios de la ciudad; huellas de procesos de modernización; más conflictos entre la “baja” y la “alta” cultura; ciudades invisibles y fantásticas dentro de Bogotá; textos escritos que corroboran lo planteado en imágenes visuales; estrategias de exposición metropolitanas - no artísticas - que recogen “inexplicablemente” prácticas museográficas; reclamos sobre dificultad en la movilidad en el espacio público; ejemplos del decollage como estrategia para construir imagen de ciudad; fenómenos paranormales; ‘remakes’ de imágenes impactantes pertenecientes a la memoria política global;…


Resumiendo, en el observatorio nos encontramos con una red de implicaciones entre fragmentos del afuera –lo que suponemos “la piel” de la ciudad- y otros fragmentos del adentro –el lugar cerrado e imaginario desde el que viajamos a través de ella-: en consecuencia, puede ser que estemos frente a la representación de un espacio de diálogo entre opuestos, o en una zona posible –y virtual- para el encuentro y el intercambio, o, puede que sea simplemente una expresión de los variados conflictos activos e irresueltos que se están dirimiendo en el espacio público.


El medio que permite la confirmación de estos fragmentos a los que nos hemos referido, es la fotografía: con su estatuto de verdad, y de huella, y de registro de viaje, y como presencia, y también como herramienta de investigación sobre cómo (y para qué) se practica y cómo se establece (el espacio de) lo público, y -¿cómo evitar decirlo?- como una forma de someter la realidad a un sistema de valores y de códigos, que aunque no lineales, diversos, y en apariencia amplios, desplaza, desarraiga, silencia y borra.


A propósito, ¿de dónde proviene la autoridad para encargarse de la representación del otro?, ¿y de dónde el fuero para la demarcación de lo otro?, ¿y que podríamos anotar acerca de la tarea de visibilización de las minorías en la opinión pública, que según parece, muchos nos hemos atribuido? Las posibles respuestas las tendríamos que dar acordando que un archivo existe para no desaparecer, pero también tendríamos que estar de acuerdo que se conforma para controlar, para regular [2] ; y en el caso que incluso intentáramos alegar que pudo haber sido hecho por un ciudadano corriente, no quedaría más remedio que indagar en el tipo de experiencia de esa persona y por extensión, en la capacidad relacional que impone el modo de producción del documento y del medio que emplea para difundirlo y visibilizarlo, -en este caso, uno de orden académico-.


En atención a todo lo anterior, obviar el tamiz ideológico de este asunto sería ingenuo e inútil, porque a pesar de la posibilidad dada para que el que observa pueda concentrarse en la no-linealidad del archivo, en la riqueza de los recursos empleados, en la simplicidad de los referentes, en las distintas estrategias de significación resultado de la insistencia del que fotografía - del que pasea para fotografiar…-, a pesar de todo, persisten interrogantes: ¿es posible enriquecer los imaginarios colectivos propios de lo público? Y, esos lugares de enunciación desde donde se manifiestan los fotógrafos, ¿logran evaluar críticamente lo histórico a partir de la memoria colectiva? (porque parece que hubiera exceso de significado en las narraciones y acciones que aparentan ocurrir en los espacios públicos).


En el texto de presentación del proyecto Folk Archive, el ensayista asegura que el archivo “es una opción del lenguaje: la naturaleza documental del proyecto convierte su acto en un testimonio, un registro que les permite no reunir sólo objetos, sino también fiestas populares, elementos decorativos…, abriendo la categoría del Folk hacia una definición infinita e imposible en la que todo cabe, sin a prioris, en un juego anti-jerárquico en el que el mundo se descubre como una caja de sorpresas en la que sólo hay que saber mirar para encontrar lo excepcional.” [3]. En este orden de ideas, pareciera que las imágenes sólo confirman lo establecido, la colección de el observatorio confirma nuestras sospechas sobre la realidad, pero, ¿le apuesta a trastocar la realidad misma, a ampliar el campo de conciencia sobre ella? ¿Qué otras relaciones de socialidad humana revela (además de las del artista-paseante)?


Supongo que es por todo esto que concebimos como ‘natural’ que la ciudad esté allí para que la fotografiemos, -¡aunque siempre lleguemos tarde a sus lugares!

 

 


notas

[1] Las dos citas introductorias marcadas con (*) aparecen en un relato de John Berger titulado Hombre mendigando en el metro, publicado en Fotocopias (Alfaguara Editorial, pág. 75-84, Madrid, 2000) y se refiere a un encuentro con el fotógrafo Henry Cartier-Bresson

[2] Cf. Merewether, Charles. Perturbación en el documento. En: Más allá del documento. MNCARS, pág. 25-ss, Madrid, 2000

[3] Clot, Manuel. Procesos epocales_Tecnologías curatoriales: la exposición como producción. En: Inéditos 2004. Proyectos expositivos de arte emergente. Pág. 21, Editorial Obra Social, Madrid, 2004