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procesos de readecuación

 

 

Traslúcida

 

desde los buses
Traslúcida es una cualidad de la ciudad que trae ante nuestros ojos, imágenes que pasan desapercibidas. Aborda la ciudad diáfana que fluye constantemente entre lo público y lo privado. La Pecera, bus en mexicano, ha encontrado esta cualidad a partir del transitar cotidiano; donde la transparencia, que los grandes edificios parecen sugerir, está más allá de sus grandes ventanales iluminados por la noche. Es la materia misma de la urbe, la que revela este flujo: el concreto, las paredes, los ladrillos y las zonas verdes, dejan ver el encanto de una ciudad que se revela mientras la recorremos.

 

objeto de estudio
Actualmente, Traslúcida mira hacia algunos espacios en construcción. Aunque en principio se planteó como la realización de intervenciones artísticas, se ha aproximado a la ciudad desde otras perspectivas. Específicamente, se ha estudiado el caso de las demoliciones alrededor de la Avenida Suba, donde a lado y lado se han desmantelado varias casas para ampliar la futura troncal de Transmilenio. En dos semanas puede desaparecer físicamente un espacio y tomar otro uso; es tan rápido que pasa desapercibido. Las demoliciones hacen parte del continuo ciclo al que está sujeto la propiedad del suelo, que se revela como elemento esencial de la ciudad, sobre el que se desarrolla ese conflicto entre lo público y lo privado. A continuación se encuentran algunos párrafos que enuncian brevemente ciertas observaciones; en la medida en que se profundice más surgirán nuevos textos.

 

vestigios
Cada espacio, en relación con el tiempo, permite leer sobre su superficie los movimientos que el hombre ha fijado en ella. Se puede hacer una revisión de los conflictos globales y los sucesos más íntimos, a partir de una interpretación de los índices que dejan las acciones, pues no se puede negar esa conjunción entre realidad y pasado. Sin embargo, el espacio que queda después de una demolición está vacío y los índices solo se pueden encontrar en los muros contiguos de las casas que no serán demolidas. La casa ha sido borrada ¿Qué habitamos realmente?

 

habitar
Para habitar un lugar, es necesario que sea definido y delimitado por pliegues y bordes bajo los que van apareciendo los volúmenes. Habitamos en los pliegues de la ciudad, del paisaje, de la piel (Michel Serres); los de la casa, definen, delimitan y protegen al hombre que la habita. Los pliegues son una frontera en la que descansa su esencia y lo salvan de convertirse en un ser público y expuesto. Sin embargo, se pretende que sea público lo que ayer eran pliegues íntimos. La ciudad nos revela sus subjetividades, como resultado de una transformación abierta y transitoria de los territorios.

 

el suelo y las paredes
Nuestra relación con las paredes es volátil y efímera; los retazos de texturas y colores que quedan expuestos a la calle, revelan una imagen plana de la casa, ligada al suelo, que es en últimas el que habitamos, además, las paredes resultan inútiles si no hay un suelo que delimitar. En las paredes solo quedan las huellas de aquello que estaba empotrado, no queda nada más; ahora están listos para albergar letreros y grafittis. De la casa al plano; el espacio, que estaba dividido por paredes, se ha aplanado por estar vacío. La imagen de las paredes se constituye como protagonista, ocultando al suelo, que está realmente en el fondo del asunto.

 

la casa y los objetos
La noción de casa se desvincula de las paredes y del suelo y queda reducida a la propiedad de los objetos personales; tal vez eso es lo único privado. Visto de esta forma, la destrucción de estos espacios no parece terrible, ya que a la larga, el suelo en la ciudad es de la ciudad misma; es originalmente un lugar de paso, de donde proviene su sentido público. No es de los eventuales propietarios cuyo verdadero patrimonio son sus enseres; a estos objetos nos los podemos llevar, mientras que a las paredes y el suelo no. Aunque nos consideremos sedentarios, en realidad todos nuestros artefactos están diseñados para trasladarse: de la fábrica al almacén, del almacén a la casa y de trasteo a otras casas. Somos nómadas que ubicamos objetos portátiles en una pequeña superficie de suelo sedentario: la vida de la ciudad parece más móvil de lo que se podría pensar. La ciudad llena de inmigrantes que han dejado el suelo del campo, hoy lo dejan de nuevo. “Nos trasladamos” parece gritar la esperanza de no perder los vínculos y los afectos.

 

espacios abandonados
Hay una estrecha relación entre lo público y los espacios abandonados. Durante la demolición, hay un conflicto entre lo que fue y lo que va a ser: esto era un barrio, luego será una calzada. Los límites entre lo público y lo privado son confusos, podrían ser lo uno y lo otro a la vez. Los espacios están suspendidos fuera de toda nominación y, sin embargo, sujetos a otras acciones que le van agregando nuevas significaciones. La casa abandonada se convierte en un espacio neutro, traslúcido. Lo que estaba lleno de anécdotas ahora es un espacio silenciado, anónimo y transparente que comienza a ser poblado, usado e invadido por infinitas redes, miradas, pensamientos y recorridos, sin que nosotros mismos, que también lo invadimos, nos demos cuenta.

 

 

la pecera [natalia rodríguez, juan fernando cáceres, oscar ardila]